Lo importante es que la tenía entre mis manos

lo importante es lo que tenía entre mis manos,Heavenly-753-730x495

Apuré el puro que estaba fumando: un habano de los de Cuba, que casi nadie los fuma hoy en día -valen muy caros-, pero lo cierto es que me lo habían regalado. Uno, a veces, pasa el tiempo…con cualquier cosa, es decir, con el primer objeto que le viene a la mano: un libro, una fotografía, un sueño, una ilusión perdida… ¡Cualquier cosa! Cayó entre mis manos una fotografía…

La verdad, dicho sea de paso, es que no supe jamás quien fue su dueño, pero qué más da… Lo importante es que la tenía entre mis manos, y ahora era elemental dejar a mi imaginación buscar el porqué de la misma, y el saber algo de sus integrantes.

Uno cree en la música, el cine, el sexo y en todos mis compañeros de viaje. Creo que la mujer es el ser más maravilloso sobre la tierra. Creo en las cosas que me hacen estremecer. Creo que me mienten muchas veces al cabo del día, pero me hago el tonto para así mejor dormir. Pero, sobre todas las cosas, creo en el deber y el amor que han de supervivir en todas las relaciones humanas…Porque en el fondo…uno es un romántico de los pies a la cabeza, que vive para soñar, y soñar es vivir para siempre. Todas las religiones tienen un solo Dios: el Dios de todas las religiones, que valga la redundancia ¡Ah!, ¡se me olvidaba! Creo en Dios- el Dios de todas las religiones.

Debo comunicaros que está noche no dormí bien. Dicho de otro modo: no pegué ojo. Me pasó lo que yo sé. “Cuando llevó un día agitado y preocupado, resolviendo o tratando de resolver -en la medida de lo imposible, haciendo que sean posibles- serios problemas, que afectan a esas ‘pobres gentes’ sin comida, sin ropas, sin ganas o con pocas ganas de seguir viviendo…, que malviven no lejos de mi domicilio, me ocurre siempre lo mismo: por la noche no duermo”.

Es curioso cómo, a veces, los recuerdos afloran a nuestras memorias -verdaderas cajas de sorpresas-, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo, y que, no lejos de la verdad, nos marcan las directrices exactas a seguir por nuestros entendimientos: éstas que son sacudidas por el motor que mueve la sangre por mis venas: el corazón humano. Corazón y entendimiento, entendimiento y corazón: ambos piezas fundamentales para mover el mundo. Porque los recuerdos afloran a nuestras memorias, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo… Esto siempre nos pasa, sin duda, cuando estamos pensando un poco en los demás.

¡Si hablaran mis ojos… de cuántas cosas nos enteraríamos! Y hablaron mis ojos y me relataron lo que vi en aquella fotografía: Sandra, Tamara y Jessica salieron el viernes a las 23.00 h, como todos los viernes, con el propósito de tomar unas copas con sus amigos. Llevaban sus neceseres en orden: barra de labios, píldoras anticonceptivas, globos protectores para el instrumento… –pues no es más que un instrumento, más grande o más pequeño, pero instrumento al fin y al cabo– procreador masculino, DNI y 50 euros. Paró un coche con conocidos. Les dijeron los tres del coche: “¡Subid! ¿A dónde vais?”. “A dónde vayáis vosotros”, contestaron.

Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú con aceitunas, caviar, salmón ahumado… Les indicó que se pusiesen unos pasamontañas negros autoadhesivos. Al poco, los jóvenes acompañantes se esfumaron.

Los recuerdos afloran a nuestras memorias, que son silencios caídos del cielo como agua de mayo…, y que muchas veces se transforman en realidades, entre la que figura ésta que os estoy contando. Leed, leed cuanto os plazca…, porque sacaréis consecuencias lógicas como uno las ha sacado.

Sandra me narró lo anterior, quien en compañía de las otras dos muchachas también desapareció. Mi pareja sentimental y yo fuimos en un taxi con cristales oscuros. Con los ojos sellados con esparadrapo, y con nuestros relojes parados y sin pilas. Nos llevaron a una sala semicircular, y en el centro aparecieron tres jóvenes completamente desnudas. Podrían tener entre 17 y 22 años, pues la hermosura de sus cuerpos así lo denotaba. Bailaban dentro de un aturdimiento de movimientos. Aparecieron tres hombres maduros–que ocultaban sus rostros con pasamontañas de tela fina negros–, que sodomizaron a las tres jóvenes, llevando a cabo toda clase de sevicias sexuales. Desgarradores gritos salían de las gargantas de las tres infelices muchachas.

Los que estaban sentados en el salón y proscenios consumían cocaína, esnifándola por sus narices. Mi pareja y yo abandonamos el recinto ante tal salvaje espectáculo, volviendo en el mismo taxi que llegamos, y con los ojos bien tapados.

A los pocos meses apareció en prensa que “tres jóvenes habían aparecido muertas, con indicios racionales corroborados por el forense, de haber sido violentadas sexualmente”. Me dijo mi pareja sentimental que debíamos denunciar lo que presenciamos. Le contesté que poco o nada podíamos notificar: denunciar el lugar en que estuvimos y que desconocíamos, nuestros relojes –ya sin pilas– se pararon a las 23.05 h, y todos los presentes se hallaban con rostros tapados, así como aquellos insaciables enfermos hombres maduros que protagonizaron el espectáculo macabro. Al final, acudimos a la Policía…

Más tarde se dio a la luz los informes de los forenses que intervinieron en el asunto relatado, que así rezaron: a) Las ropas y objetos personales pertenecían a Sandra: su muerte había sido del todo violenta con destrucción de centros vitales encefálicos por arma de fuego. Cadáver con dilatación en zona anal producida por objeto o parte anatómica, etcétera, etcétera; b) Tamara no había corrido mejor suerte. Le mataron de un tiro después de ser torturada de forma violenta. Las ropas pertenecían a la a la examinada. Sus centros vitales fueron destruidos por arma de fuego. Su cadáver presenta amputación traumática de pezón, etcétera, etcétera, y c) Las drogas alteran seriamente la mente humana, el juicio, la percepción, las emociones, el autocontrol… fomentando comportamientos agresivos y antisociales. La última desafortunada muchacha, Jessica, sin duda, sufrió tanto o más que las otras dos reseñadas con anterioridad. Su muerte fue también violenta. Las ropas y objetos encontrados sobre su cadáver pertenecían a ella. Se destruyeren centros vitales como consecuencia de herida por arma de fuego. En su cadáver aparecieron signos de agresión vaginal, etc., etc.

Hemos visto, y en nuestro caso particular, que las drogas son unos fertilizantes maravillosos para el desarrollo del crimen en general, sin que nos olvidemos del alcohol, en particular, que es otro desencadenante de la muerte violenta. Cada caso resuelto es un golpe a la impunidad, y nos alegramos todos de que así sea.

Con las drogas se consigue una especie de escape inmediato de los problemas sociales que nos afecten a nuestras sociedades actuales y a nosotros mismos, y al mismo tiempo, permiten materializar fantasías inalcanzables que nuestro cerebro nos transmite, y que las ha avivado nuestra sociedad de consumo: ropa de alto coste, joyas, viajes, el juego… e incluso entrar en posesión de armas de fuego (un enorme peligro para los humanos).Y es que las drogas -sustancias psicotrópicas- alteran seriamente la mente humana, el juicio, la percepción, las emociones, el autocontrol… fomentando comportamientos agresivos y antisociales.

La agresión sádica que hemos leído se ha llevado a cabo en una situación de cautiverio de las jóvenes aludidas con anterioridad: Sandra, Tamara y Jessica. Se empleó sobre éstas violencia -mental y psíquica-, violencia empleada por los propios hombres. Es triste reconocer que nosotros los humanos –seres creados por Dios, el todas las religiones– llevamos dentro de nuestros corazones odio y venganza negra, que repartimos sin que nuestras conciencias sientan estupor o pánico de lo que podemos ser capaces de cometer contra nuestros hermanos en el mundo entero.

Hemos de comprender que la crueldad humana puede alcanzar límites insospechados, pero, por suerte, existen reducidos grupos de población capaces de causarnos algún mal -a nosotros y nuestros bienes inmuebles-: hombres y mujeres, mujeres y hombres sádicos, vengativos, agresivos, psicópatas…, que son capaces de matar por el mero hecho de matar: otros muchos lo hacen por dinero.

No obstante, vuelvo a insistir: el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar… haciendo sufrir –con nuestros actos– a los más débiles y viéndoles llorar lágrimas que se vuelven hielo.

Son semillas de violencia que albergamos en nuestros corazones, y que a lo largo de nuestra vida las empleamos como una falsa autodefensa y una revancha malentendida. (El Libro de los Salmos nos advierte que “el justo se regocijará cuando sediento de venganza se lave sus pies en la sangre: del malhechor”.)

Termino diciendo: Una fotografía de tres muchachas y la imaginación-mi imaginación-, que trabajo como acostumbra… Un relato que pudo haber ocurrido y ocurrió (?)

La Coruña, 20 de junio de 2017

©Mariano Cabrero Bárcena es escritor

 

La útima mujer sobre la tierra


Muchas veces estar solo, supone estar acompañado…

Y muchas veces recapacito: Tengo soledad, tengo viento, tengo pétalos de pensamientos y suprema libertad para arrojarlos al viento, miles de esos pétalos de pensamientos. Y, después, de esta pequeña-tierna composición poética…cenó con poco apetito y llorando me acuerdo de Rosa María. Ella, la última mujer sobre la tierra había bailado para mí, antes de marcharme a mi soledad.

 

El baile fue a últimos de agosto, noche tranquila donde las haya…Rosa María vestía un traje desenfadado-traje de chaqueta de color gris-, su cara no mostraba maquillaje alguno y sus labios los llevaba pintados…Ella bailo con todas sus fuerzas, la danza de la vida, la danza de la muerte. “Yo que soy libre cual gaviota; soy la que expresa mayor grandes, y bailando miro al cielo y contemplo mi belleza. No me dejaron-una vez más-bailar sola”-siguió diciendo Rosa María-“ellos…los que mandan, los que niegan belleza…Son corazones ojos cerrados-fueron jueces implacables-, mas son puritanos que gozan en otros cuerpos lo vedado.

Siento gratitud, y siempre la he sentido, hacia aquel beso que brotó de los labios de la última mujer sobre la tierra, quien me manifestó silenciosamente…, “que sí…, que no era mi amada”. Otras mujeres me habían querido antes con todas sus fuerzas, pero Rosa María, “me dijo”, y valiéndose de su boca, “¿qué es el besos? El beso que una amada da a su amado. Y que un beso de amor… no se le da a cualquiera”.

Fue un hombre inigualable. En la lucha por la vida diaria, su rostro se mostraba como cielo sin nubes: ¡Brillante! Su corazón aparecía como el mar,  que se ondula en calma. Era un hombre que buscó silencio en su soledad. Nada más y nada menos…Siempre fue un hombre, al parecer, tranquilo. Y digo que, al parecer, se asemejaba a todos aquellos que…la procesión les anda por dentro.

Tanta soledad me inclina a abandonarme al viento, pétalos de rosas muertas he arrojado a cientos, al mar. Muchas veces el exceso de soledad me lleva a suplicar al viento, que me envíe pétalos de pensamientos que arrojaron al mar…muchos cientos.

 

¡Ya… me encuentro solo! De regreso, y cuando me hallo en mi casa, sobre la una de la madrugada, solamente escucho el ruido al paso de los últimos coches-sus ruedas-. Doy dos vueltas al cerrojo de la puerta– ¡hay tantos ladrones hoy en día!–, y busco silencio–mi silencio– en mi soledad. El día ha sido francamente penoso: hablar con amigos que no lo son, saludar a personas que casi no conozco, recomendar a ciertos jóvenes–tunantes por naturaleza–que se presentan a oposiciones del Estado (lo cual hice por mero compromiso, aunque no puse mucho interés en tales recomendaciones, y entiendo que resultarán ineficaces), escuchar mentiras que luego se convertirán en verdades, quizá en medias verdades…

Siento, a veces las pisadas de alguien que camina cerca de mí, y creo–ilusión pérdida–, que me están espiando, que saben –algo o todo-, de mi cita que tuve ayer con la señorita… (por así llamarla), dado que está casada, con marido y escopeta, con escopeta y marido. No tropecé con almas que amé– hombres y mujeres, compañeros míos–, porque habían fallecido. Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer sobre la tierra, si al salir por la mañana temprano la ciudad estuviera ya muerta…Y pensar que pude haber sido el último hombre/ mujer sobre la tierra…, sin llegar a tener el tiempo necesario para escribir mi último poema. ¡Día infeliz el por mí pasado!

 

Porque cuando apago la luz de la mesita de noche, al objeto de dormir unas pocas horas( con mi edad son pocas las horas de sueño, que se aprovechan), mi cerebro que no duerme–y saliendo de la noche oscura de mis pensamientos,–entre sueños y ensueños, me habló: De los peces mil colores; de la mujer asesinada por su pareja sentimental sin que nadie ponga solución efectiva a estas muertes violentas; de la discusiones encontradas en relación con las corridas de toros( para mi ‘los toros’ son una fiesta, y una muerte claro está, respetando las ideas discrepantes al respecto); de la mezcla de sangres distintas entre los contrayentes de la futuras monarquías( genes que suman y genes que restan) y de los falsos profetas  .

 

Sí puedo afirmar, y puedo equivocarme, que si los partidos políticos tuvieran que autofinanciarse, sin duda, tendríamos menos hombres/ mujeres dedicadas al “arte de la política” y, por tanto, menos gastos y más ingresos: es una idea… Estamos faltos de políticos inteligentes y hábiles, que no saben o no quieren negociar por el bien de España, que sus cabezas no permanecen frías, que sus corazones no están templados, que emplean la política como un arte de engaño… , cuando todas sabemos que ésta es un arte que sólo la ejercen los verdaderos hombres de Estado.

 

 

Al final, y esto lo pude comprobar, nuestra actual vida es y está triste. La violencia entre los humanos ha llegado a alcanzar límites insospechados. Y es que es necesario que establezcan medidas: contra la pobreza, el desempleo, las desigualdades sociales existentes: clase baja, clase media y clase alta, económicamente hablando (que el endiosamiento de la última no entorpezca la relación con la dignidad de la primera, sirviendo la ‘clase media’ de balanza de control entre ambas), el consumismo desmesurado en el que hemos incurrido todos nosotros, contra la fabricación de armas que sólo sirven para matar. Y es que mi cerebro que no duerme así me lo ha manifestado, y tengo miedo, mucho miedo, porque puedo llegar a desarrollar ansiedad y depresión. Porque tengo miedo de convertirme en un ser irritable, que, perdiendo mi memoria, pueda perder también mi capacidad de concentración…Todo esto y mucho más, me ha revelado mi cerebro.

 

 

La Coruña, 25 de mayo de 2015      

©Mariano Cabrero Bárcena es escritor