Con sus vientres fértiles y pechos generosos

Ella emana amor...

Ella emana amor…

El amor que emana esta hija de Eva,sin duda, es inmenso (…)

Hay un techo_de_cristal-en nuestra social actual y mundial-, en el que la mayoría de puestos jerárquicos importantes permanecen desempeñados por los hombres, pero en cambio los trabajos menos cualificados los desempeñan las mujeres. Las hijas de Eva fabricaron el mundo con sus vientres fértiles y pechos generosos, de donde emanaron todas las fuentes de leche generosa, y en ellas todos los humanos mamamos para el bien y para el mal.

Y es que no podemos olvidar la fuerza de voluntad que desarrollan las mujeres en esta santa vida(mundo) ,al desarrollar cualquier trabajo o función, unido todo esto al sexto sentido de la intuición femenina, que tan buenos resultados les ha dado y les está dando…Así son ellas, si así os parece…

Sin embargo, nuestras mujeres sigloXXI-a las que todos amamos y respetamos-, están penetrando por el susodicho techo con imaginación, fuerza y conocimientos suficientes y necesarios para poder desempeñar cualquier labor [trabajo], en el más estricto significado de la palabra, con el deber y el amor que han de supervivir en todas las relaciones humanas.

Nuestras mujeres son violadas y torturadas por propios y extraños, que muchas veces se quedan en el anonimato por temor a las represalias. Tienen temor a denunciar: temor que entiendo perfectamente, porque si denuncian…la muerte, su muerte, es casi segura. Y lo digo con la mano puesta sobre mi corazón, mi corazón que se conmueve como si fuera un volcán en erupción, cuando mis ojos ven y mis oídos escuchan que…: otra mujer ha sido asesinada por su esposo, muere en su casa una mujer apuñalada por su marido, un hombre mata a la mujer con la que vivía, un hombre mata a su mujer y a sus tres hijos y después se suicida…

Hemos de contar, no obstante, con las mujeres que durante siglos estuvieron trabajando bajo los códigos que habían sido enseñados por los hombres, tejiendo -con sus propias manos-telares y mil y una prendas para muchas fábricas y para el propio hogar. Formaron familias- al calor del fuego -con inmensa paciencia-, gracias a sus fértiles vientres y generosos pechos que amamantaron a los niños/niñas que viajaron y viajan en el tren de la esperanza, que camina lento y seguro hasta que la muerte nos llame, y diga: “Ven mañana…”. Amor, pasión, ternura, entrega, corazón, delicadeza…todo esto es la mujer, y mucho más.

Cuando me asomo a la ventana me olvido de todas mis preocupaciones-decía la pobre Julia-, que son muchas a lo largo del día. Y me digo a mí mismo: “Si quieres vivir-ríe y llora-, escucha las voces del agua y de los pajarillos perdidos…, sus cantos. Y el viento que rompe y amenaza…; y la lluvia, la nieve…; lloran las razas. Todo vive en la noche oscura, pero no escuches latidos corazones muertos; si quieres vivir…: vive”. Y es que debo recordar, muchas veces, para aprender de los demás…Así se expresaba mi pobre amiga Julia, ya fallecida.

Si creo, y siempre he creído, en el Liberalismo Político que siembre de ideales firmes y verdaderos las mentes de nuestra juventud, que es el futuro del mañana. Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que fomente la actividad económica en todas sus formas. Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político donde todas las personas sean iguales ante la Ley (suprimiría los aforados), y donde exista fehacientemente una democracia libre con división de poderes (el poder judicial libre, en el amplio sentido de la palabra). Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que defiende a “la familia” como cota superior de la vida asociativa: matrimonio hombre/ mujer, uniones de contratos sentimentales hombre/ hombre, uniones de contratos sentimentales mujer/ mujer, parejas sentimentales…En todo esto creo y mucho más. El concepto de deber y amor debe supervivir en todas las relaciones humanas.

Unos versos recuerdo para la féminas, que corren que vuelan y se me vienen a mi memoria: «Recuerdo sobre mi piel caricias/deseadas, pero no siento volar los pájaros-mis botas de barro lleno completo-, /más ahora mis oídos escuchan campanas/desiertas volando al aire. Se borra un tanto mi memoria, /pero…veo mil hijos vírgenes. Ellos henchirán la tierra prometida. Entonces cesará el tiempo que marcan los relojes, (…)

“Ladrones de guante blanco y rompe y rasga-del enamoradizo corazón femenino-, que buscan presas fáciles entre mujeres solteras, viudas o divorciadas, y, sin despreciar en ningún caso, a infieles casadas-que lo son-, porque antes fueron engañadas por sus propios maridos y con sus mejores amigas: este es el mundo actual del corazón humano…”.Esto no es amor, y el ladrón -que lo probó-, lo sabe…

El ancho mundo de Internet está sirviendo de plataforma para que desaprensivos hombres de mente estrecha, un hombre guaperas-diría uno-,que se sirvan de los e-mails para conquistar los corazones de mujeres que, muchas veces por las prisas que nos impone la actual vida, no disponen de tiempo para enamorarse cara a cara, y prefieren las Webs de contactos: muchas veces son objeto de robos de joyas, dinero, ropas…, con lo que los ‘cazamujeres’ de pocas miras y guante blanco hacen su agosto, y desaparecen cual si fuesen fantasmas que habitaban en los castillos medievales.

Siempre existirán seductores de mujeres, ladrones de guante blanco y rompe y rasga-del enamoradizo corazón femenino-, que buscan presas fáciles entre mujeres solteras, viudas o divorciadas , y , sin despreciar en ningún caso, a infieles casadas-que lo son-,porque antes fueron engañadas por sus propios maridos y con sus mejores amigas: este es el mundo actual del corazón humano, que busca amor allí donde nunca lo encontrará, y que, muchas veces no sabe reconocerlo cuando lo tiene ante sus propias narices: esta terrible enfermedad del desamor.

Las Webs de contactos: muchas veces son objeto de robos de joyas, dinero, ropas…, con lo que los ‘cazamujeres’ de pocas miras y guante blanco hacen su agosto, y desaparecen cual si fuesen fantasmas que habitaban en los castillos medievales.

Siempre nuestro mundo estuvo lleno de ‘donjuanes’, en los textos literarios y en la vida cotidiana. El amor siempre es cosa de dos: uno que está enamorado, y otro que finge estarlo (en este caso concreto de ‘Siempre existirán seductores de mujeres’), para después huir allende los mares…, y si te he visto no me acuerdo. Somos, y en realidad, los hombres necios, y nuestra necedad quedó reflejada en la famosa

De todos es sabido que las hijas de Eva tienen cualidades asombrosas, que sacan de los más profundo de sus corazones: si quieren gritar ellas son capaces de sonreír, si quieren llorar pueden llegar a cantar, si están contentas pueden llorar y se ponen nerviosas cuando ríen: así de sencillo, aunque nos parezca lo contrario. Sigo diciendo que son seres perfectamente complementarios con los hombres, y que sin ellas…qué iba a ser de nosotros. Recuerdo… la redondilla, que dice: “Hombres necios que acusáis/a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión/de los mucho que culpáis (Sor Juana Inés de la Cruz, Redondillas, III).

La Coruña, 27 de enero de 2013

©Mariano Cabrero Bárcena es escritor

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Vérselas con la depresión

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Opinión/Quien no ha tenido una depresión no puede comprender lo que es la tristeza…

Quien no ha tenido una depresión no puede comprender lo que es la tristeza. Cada época viene determinada por una enfermedad preponderante. La nuestra tiene su máximo representante en la depresión. Padecemos otra a la que conocemos con un nombre: el cáncer. Podemos considerar a la primera como más frecuente. A la segunda, como la más grave.

Me comentaba un amigo mío: “Estoy deprimido y me duele el alma porque no me conozco a mí mismo. Sé que no tengo una enfermedad mental, pero me siento enfermo en mi estado de ánimo y en mi afectividad”. ¡Qué tremenda manifestación!

Llevamos inserto un mundo de miedos: miedo al amor, al infarto de miocardio, al cáncer, al Sida, miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor

Otro enfermo de depresión se manifestaba de la siguiente manera: “Siento, a veces, las pisadas de alguien que camina cerca de mí, y creo –ilusión pérdida– que me están espiando, que saben –algo o todo– de mi cita que tuve ayer con la señorita, por así llamarla, dado que está casada, con marido y escopeta, con escopeta y marido”.

Más tarde, continuó diciendo: “No tropecé con almas que amé –hombres y mujeres, compañeros míos–, porque habían fallecido. Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer sobre la tierra, si al salir por la mañana temprano la ciudad estuviera ya muerta… Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer sobre la tierra… sin llegar a tener el tiempo necesario para escribir mi último poema”.

Y es que mi cerebro, que no duerme, así me lo ha manifestado, y tengo miedo, mucho miedo, porque puedo llegar a desarrollar ansiedad y depresión. Porque tengo miedo de convertirme en un ser irritable, que, perdiendo mi memoria, pueda perder también mi capacidad de concentración. Todo esto, y mucho más, me ha revelado mi cerebro.

A los ojos penetrantes de mi buen amigo, que tanto sufría y hacía sufrir sin darse cuenta, le recomendé la lectura de los siguientes versos, para que bajando en el desarrollo de su enfermedad, pensase que habría de ‘subir bajando’ a su pronta curación:

Si a la Soterraña vas, ve que la Virgen te espera que por esta su escalera quien más baja, sube más. Pon del silencio el compás a lo que bajas pensando baja y subirás volando al cielo de tu consuelo que para subir al cielo siempre se sube bajando (Gabriel y Galán, 1894-1905).

La sociedad que nos ha tocado vivir tampoco nos ayuda a superar estas barreras del intelecto. Es lógico que nuestro estado de ánimo se deprima, amén de que nuestra cotidiana vida está llena de preocupaciones y desasosiegos

Vérselas con la depresión y luchar contra ella es harto difícil aquí y ahora. La sociedad que nos ha tocado vivir (¿esa maravillosa democracia española, que nos habla del Estado de Bienestar para todos, que nos habla de la igualdad de oportunidades, que nos habla de viviendas asequibles para nuestra juventud?) ha ‘roto aguas’, y ha relegado a las personas longevas, única y exclusivamente, para que emitan su voto cada cuatro años. A lo sumo ha construido unas pocas residencias -jaulas de soledad- donde podemos ir a morir, y, desde luego, ser olvidados por propios y/o extraños. Eso sí, para morir con tranquilidad, llevando sobre nuestras espaldas sacos pesados con tierras cargadas de olvidos, penas y sinsabores.

Nunca he tenido la vocación para ser médico, pero, si lo hubiera sido, habría practicado ‘el arte de curar’ con todas sus consecuencias -curando el cuerpo, sin duda, se cura muchas veces el alma-. Nuestra alma que navega negra por el mundo actual que nos ha tocado vivir, nuestra alma que nos duele y llora lágrimas de invierno: muchas hambres y muchas guerras, hambres y guerras. Es decir, trabajaría en la medicina pública a cal y canto, olvidándome para siempre de la medicina privada, no tengo nada contra ella, pero entiendo que ésta resta el suficiente tiempo –tan necesario para atender a tantos enfermos en lista de espera– de la Seguridad Social española.

La sociedad que nos ha tocado vivir tampoco nos ayuda precisamente a superar estas barreras del intelecto. Pensamos y actuamos, como seres humanos que somos. Y es que la panorámica mundial es problemática: guerras fratricidas, violación de mujeres -con resultado final de muerte- y sus derechos, malos tratos psíquicos y físicos a menores, detención ilegal de menores que desaparecen para siempre, etcétera, etcétera. Bajo este contexto, es lógico que nuestro estado de ánimo se deprima, amén de que nuestra cotidiana vida está llena de preocupaciones, desasosiegos e inquietudes que degeneran en un estado de ansiedad y, que al final, concluyen en la tan temida depresión: el mal psíquico de nuestro siglo XXI.

“¡Hoy tengo un mal día! ¡Todo lo veo negro! ¡Me duele el corazón!”, solemos decir, como si dicha víscera muscular fuera capaz de detectar dolores. Dentro de estas afirmaciones y otras similares llevamos inserto un mundo de miedos (fobias, muchas veces): miedo al amor, al infarto de miocardio, al cáncer, al Sida (Síndrome de Inmune-Deficiencia Adquirida), miedo a perder la cabeza, miedo al sufrimiento, miedo al dolor, etc.: tantos miedos juntos crean barreras, barreras en nuestro intelecto. Todos estos temores que nos amenazan –en los prolegómenos del siglo XXI– al mismo tiempo, nos conducen inevitablemente al gran miedo que todos llevamos dentro: nuestro miedo a la muerte.

Pues si un doctor en medicina nos proporciona el bienestar del cuerpo, el equilibrio emocional, y, al mismo tiempo, nos mitiga la violencia de algunas enfermedades –en la medida de sus fuerzas–, el dolor que acude rápido a nuestra alma será siempre más llevadero. Nosotros –los mortales–, que somos meros pasajeros en tránsito, buscaremos siempre aquello que nos une con nuestros semejantes: el mismo origen, el mismo hábitat, el mismo destino…; y olvidaremos lo que nos diferencia: religión, xenofobia, racismo, idiomas diferentes, pobreza, etc.

La Coruña, 21 de enero de 2013

Mariano Cabrero Bárcena es escrito